El crash game nació y creció en las salas cripto, donde el resultado «provably fair» encajaba con la mecánica de un multiplicador que cualquiera puede verificar después de la ronda; de ahí el peso propio de este apartado.

Ether y bitcoin concentran el grueso del volumen, con USDT y USDC como puente estable entre rondas; detrás, redes más rápidas o baratas —solana, tron, cardano, ripple— junto a litecoin, dogecoin, bitcoin cash y BNB, además de las salas anónimas y hasta dónde llega esa anonimidad.

Una sala cripto que no pide DNI tampoco está conectada a la DGOJ ni al RGIAJ: la anonimidad en el pago no equivale a licencia española, por mucho que el sitio se anuncie en español.